La voz crítica del carnaval capitalino defiende su valor social y cultural.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
Yacorán Rodríguez, conocido artísticamente como Encarna Vals, fue entrevistado en el programa Escándalo, dirigido y presentado por Marga de la Cueva, en Radio Las Palmas. En esta conversación analiza el momento actual del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, repasa su trayectoria personal dentro de la fiesta y plantea una reflexión crítica sobre gestión, convivencia y calidad artística, con una defensa firme del Carnaval como espacio de cohesión ciudadana.
El Carnaval hoy
¿Cómo estás viendo el arranque del Carnaval este año?
Me ha sorprendido para bien la idea de aprovechar distintos espacios de la ciudad y no concentrarlo todo en un solo punto. Recuperar lugares como el Parque Doramas demuestra que se puede repensar el Carnaval desde una lógica más urbana y abierta. Aun así, estamos empezando y no es momento de dar bendiciones definitivas. El Carnaval siempre tiene ajustes y tropiezos iniciales. Yo observo todo con atención, tomo nota y espero a que avance para hacer una valoración más completa y justa.
¿Qué es lo que más te preocupa en este inicio?
Me inquieta la falta de reacción institucional ante cuestiones que ya se conocen. Hay situaciones que se saben antes incluso de hacerse oficiales y no se explican públicamente. Ese silencio genera incertidumbre entre los grupos y la ciudadanía. Cuando no se afrontan los problemas desde el principio, luego todo se complica más. Echo en falta claridad y una respuesta firme que evite que los conflictos crezcan y se enquisten con el paso de los días.
¿Qué debería cambiar para mejorar el desarrollo del Carnaval?
Hace falta una mirada más valiente y menos temerosa. El Carnaval necesita decisiones claras, aunque no siempre gusten a todo el mundo. No se puede gobernar una fiesta de esta magnitud solo pensando en quedar bien. Hay que actuar con responsabilidad, explicar los porqués y asumir errores cuando se cometen. Eso daría tranquilidad a los grupos y a la ciudad, y reforzaría la credibilidad de la organización.
Trayectoria y crítica
¿De dónde nace tu legitimidad para opinar con tanta firmeza?
Nace de una vida entera dentro del Carnaval. Empecé con once años en grupos infantiles y he pasado por murgas adultas, comparsas, talleres de Drag Queen y de reinas, además de producciones carnavaleras. He estado en todas las capas posibles de la fiesta. Por eso me resulta chocante que se cuestione mi opinión. No hablo desde fuera ni desde el desconocimiento, hablo desde la experiencia acumulada durante décadas.
¿Por qué crees que tu personaje genera rechazo en algunos sectores?
Mientras mi discurso era complaciente, todo estaba bien. Se compartían mis publicaciones y se me aplaudía. El problema llega cuando señalo errores, denuncio situaciones o doy una opinión crítica. Ahí aparece el rechazo y el silencio. Parece que solo se acepta la voz que halaga, no la que incomoda. Yo no he cambiado, lo que ha cambiado es la tolerancia a la crítica cuando deja de ser conveniente.
¿Te afecta no sentirte reconocido institucionalmente?
No es una cuestión de reconocimiento personal. Yo sé lo que he aportado al Carnaval y lo que sigo aportando. Me preocupa más que se pierdan voces críticas por miedo a molestar. El Carnaval necesita debate, contraste de ideas y autocrítica. Cuando todo se reduce a aplausos, la fiesta se empobrece. Yo asumo el coste de decir lo que pienso porque creo que es necesario para que el Carnaval avance.
Fiesta y ciudad
¿Qué es lo que realmente aporta el Carnaval a la ciudadanía?
El Carnaval es unión y desconexión emocional. Durante unas semanas, miles de personas dejan a un lado problemas personales, laborales o económicos. En una cabalgata o en una gala conviven realidades muy distintas. Hay gente pasando momentos duros y, aun así, encuentra en el Carnaval un espacio para respirar. Esa función social es fundamental y muchas veces se olvida cuando solo se habla de ruido o molestias.
¿Qué papel juega el Carnaval para niños y jóvenes?
Es clave. Las murgas infantiles, por ejemplo, son actividades gratuitas que permiten a muchos niños participar en algo creativo y colectivo. Hay familias que no pueden pagar actividades extraescolares y encuentran en el Carnaval una oportunidad para sus hijos. Además, los jóvenes necesitan espacios donde canalizar su energía. En una ciudad con pocas alternativas culturales y de ocio, el Carnaval se convierte en una válvula de escape imprescindible.
¿Está sobredimensionada la duración del Carnaval?
Totalmente. Se dice que dura un mes y medio, pero los actos nocturnos reales son muy pocos. No estamos todos los días en la calle de madrugada. Son fines de semana concretos y eventos puntuales. En cambio, hay otras fiestas que se prolongan durante semanas y se aceptan sin debate. Aquí se exagera la duración para justificar críticas que responden a otros intereses. Hay que ser rigurosos y honestos con la realidad.
Calidad y gestión
¿Cómo valoras la evolución de las galas?
Las galas han mejorado, especialmente la Gala de la Reina, que ha ganado nivel y ritmo. El problema surge cuando aparecen trajes que no están a la altura del escenario ni de la proyección exterior del Carnaval. No todo vale. Si no se llega a un mínimo de calidad, quizá sea mejor no presentarse. Estamos hablando de actos que se emiten a nivel nacional e internacional y eso exige responsabilidad.
¿Debería exigirse más a murgas y comparsas?
Sí, porque todos los grupos reciben recursos públicos y generan ingresos adicionales. Es lógico pedir un mínimo de calidad, sobre todo en el vestuario. Hay murgas infantiles con disfraces impecables y murgas adultas que descuidan ese aspecto. Algo no encaja. No se trata de excluir, sino de dignificar el Carnaval y entender que cuando se pisa un escenario se representa a toda una ciudad.
¿Quién es responsable de esa falta de exigencia?
La responsabilidad es compartida, pero la organización tiene un peso clave. No hablo solo de la dirección artística, sino del ámbito político. Hay miedo a poner límites porque los grupos también son votos. Ese cálculo condiciona decisiones importantes. Se prefiere no molestar antes que establecer criterios claros. A la larga, eso daña la imagen y el prestigio del Carnaval.
La entrevista con Encarna Vals dibuja un Carnaval atravesado por la emoción colectiva y los conflictos de gestión, pero también por una fuerte carga social y cultural. Desde una posición crítica y fundamentada, el personaje defiende la fiesta como patrimonio ciudadano y espacio de encuentro, al tiempo que señala silencios, errores y miedos que condicionan su futuro. Su discurso invita a un debate necesario sobre cómo proteger el Carnaval sin renunciar a la autocrítica ni a la exigencia.
Deportes
Cultura
En directo