La artista reflexiona sobre la industria musical, su identidad híbrida y el valor del talento en una carrera marcada por la autenticidad.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
La cantante internacional Cristina Ramos pasó por el programa La Ruta de la Seda, dirigido por José Luis Trenzado en Radio Las Palmas. En la entrevista se produjo la conversación que recorrió su trayectoria, su evolución artística y su mirada crítica sobre la industria musical actual. A lo largo de la misma, la artista abordó asuntos desde sus inicios formativos hasta su consolidación internacional, no dejando atrás asuntos de interés como el papel de la tecnología en la música o la dificultad de abrirse camino en su propio país.

Cristina Ramos durante la entrevista en el estudio de Radio Las Palmas, donde abordó su trayectoria y visión de la industria musical.
Formación y origen
¿Cómo influyó tu paso por el conservatorio y tus primeras experiencias en la construcción de tu identidad artística?
Pues influyó de una manera enorme, porque al final son muchos años de formación que te marcan profundamente. Estuve una década entera estudiando, aprendiendo técnica, explorando mi voz y entendiendo cómo funciona todo ese mundo. Eso me llevó a desarrollar un perfeccionismo muy alto, casi obsesivo en algunos momentos, porque necesitaba tener todo muy controlado. Sin embargo, también es curioso porque no soy una persona disciplinada en el sentido clásico. Mi forma de aprender siempre ha sido muy intuitiva, muy personal, casi cerrada a mi manera de entender las cosas. Esa mezcla entre exigencia técnica y libertad mental es lo que ha acabado definiendo quién soy como artista.
Durante años compaginaste la música con otros trabajos, ¿por qué tardaste en dar el paso definitivo?
La música siempre fue algo natural en mí, como respirar, pero no la veía como una profesión en serio. Me daba mucha vergüenza subirme a un escenario, tenía miedo a la exposición y eso me frenó durante mucho tiempo. Aunque cantaba constantemente, lo hacía en mi entorno, sin pensar en dedicarme a ello de manera profesional. Fueron mis padres quienes me empujaron a dar ese paso, obligándome casi a enfrentarme al público. Ese momento fue clave porque ahí descubrí que me gustaba estar encima de un escenario. Aun así, me costó asumirlo como un camino real y estuve bastante perdida hasta que tomé la decisión definitiva.
Salto profesional
Entre 2006 y 2016 desarrollaste una intensa actividad en escenarios, ¿cómo valoras esa etapa?
Fue una etapa fundamental, aunque en su momento no era consciente de lo que estaba construyendo. Trabajé muchísimo, en estilos muy diferentes, desde música latina hasta zarzuela, pasando por rock, pop o musicales. Esa diversidad me permitió experimentar y descubrir muchas formas de cantar y de expresarme. Siempre fui muy curiosa, me fijaba en cómo cantaban otros artistas, intentaba imitar sonidos, entender técnicas distintas. Todo eso lo viví casi como un juego, pero con el tiempo me di cuenta de que estaba formando una base muy sólida. Esa etapa me preparó sin saberlo para todo lo que vino después.
¿En qué momento sentiste que todo cambió con tu paso por Got Talent?
La realidad es que no fuimos conscientes en absoluto de lo que estaba pasando en ese momento. No sabíamos bien cómo funcionaba el programa ni el alcance que podía tener. Grabamos la actuación, nos fuimos y seguimos con nuestra vida como si nada. Fue meses después, cuando se emitió, cuando todo explotó. De repente aquello se volvió viral, con millones de visualizaciones, y empezamos a notar que algo muy grande estaba ocurriendo. Fue una sensación de vértigo, porque mientras el mundo reaccionaba, nosotros seguíamos trabajando como siempre. Ese fue el verdadero punto de inflexión.
Industria musical
Tras ese éxito internacional, ¿cómo se transforma tu carrera?
A partir de ahí empezaron a surgir oportunidades por todo el mundo. Pasamos de una realidad local a estar viajando constantemente, actuando en distintos países y en producciones de gran escala. Eso te abre la mente y te obliga a adaptarte a otros niveles de exigencia. También te permite descubrir cómo funciona la industria desde dentro, con sus luces y sus sombras. Fue un crecimiento muy rápido, casi abrupto, pero también muy enriquecedor. Sin embargo, esa expansión no siempre se traduce en una estructura sólida detrás, especialmente en el ámbito discográfico.
Tu discografía ha estado muy ligada al directo, ¿te sientes satisfecha con ese recorrido?
Sí y no. Por un lado, todo lo que he hecho forma parte de mi crecimiento y de mi creatividad, pero también es cierto que el mundo discográfico es muy complicado. Si no tienes una discográfica fuerte que apueste por ti de verdad, es muy difícil desarrollar una carrera en ese ámbito. En mi caso, muchos de mis trabajos nacen del escenario, de lo que hago en directo, y los discos terminan siendo una especie de reflejo de eso. Me habría gustado tener más apoyo estructural en ese sentido, pero también entiendo que mi perfil no es fácil de encajar dentro de los esquemas tradicionales.
¿Crees que el talento vocal sigue siendo determinante hoy en día?
Tengo la sensación de que ya no pesa tanto como antes. Ahora parece que lo importante es lo que se puede construir con la tecnología, con los recursos digitales. Eso hace que muchas veces se pierda el conocimiento real de la voz, de cómo funciona el instrumento. Creo que es algo peligroso, porque al final un cantante que no tiene esa base no puede sostener una carrera en directo. Puedes grabar, puedes producir, pero cuando te enfrentas al escenario se nota. La técnica sigue siendo fundamental, aunque a veces no se le dé el valor que merece.

Cristina Ramos dejó ver su lado más humano durante la entrevista con una reflexión que resume su vínculo con la música: «Para mí la música es como respirar».
Identidad artística
Te defines como un «Frankenstein» de estilos, ¿cómo se construye esa identidad?
Es algo que ha surgido de manera natural, sin buscarlo. Siempre me ha gustado explorar, probar cosas distintas, no quedarme en un solo lugar. Esa mezcla de géneros, de formas de cantar, de influencias, es lo que me define. No soy una cosa concreta, soy un conjunto de muchas cosas que me gustan y que he ido incorporando con el tiempo. Esa libertad es lo que me permite disfrutar de lo que hago y sentirme auténtica. No me interesa encajar en una etiqueta, sino seguir evolucionando desde lo que soy.
¿Cómo interpretas proyectos como «Solo Whitney» dentro de esa evolución?
Mucha gente piensa que es un tributo, pero no lo es en absoluto. Es un homenaje desde mi propia historia, desde lo que significó Whitney Houston para mí cuando era adolescente. No intento imitarla, sino expresar lo que su voz despertó en mí. Es una manera de conectar con esa parte de mi pasado y traerla al presente. El escenario se convierte en un espacio seguro donde puedo revivir esa emoción. Es un proyecto muy personal, más de lo que puede parecer desde fuera.
Mirada personal
¿Sigues sintiendo que fuera de España se valora más tu trabajo?
Sí, es una sensación que se mantiene. He tenido más oportunidades fuera, más reconocimiento en otros países, y eso es algo que sucede a menudo. A veces necesitas salir para que te miren de otra manera, con más objetividad. Aquí se tiende a encasillar o a simplificar, mientras que fuera valoran más el conjunto. No es una queja, es una realidad que he vivido en primera persona. Y al final aprendes a convivir con eso y a aprovechar las oportunidades donde surgen.
¿Hacia dónde se dirige ahora tu carrera?
La verdad es que no suelo pensar demasiado en el futuro. Soy una persona muy de presente, de disfrutar lo que estoy haciendo en cada momento. Los proyectos van surgiendo, los vamos analizando y tomando decisiones, pero sin una planificación rígida. Me gusta mantener esa libertad, esa capacidad de adaptarme y de seguir explorando. Al final, mi carrera siempre ha sido muy intuitiva, y quiero que siga siendo así.

Cristina Ramos posa en el photocall de Radio Las Palmas tras una entrevista centrada en la autenticidad y su identidad artística.
Cristina Ramos describe a una artista que ha construido su camino desde la intuición, la exigencia y la libertad creativa, lejos de moldes preestablecidos. Su relato mezcla la experiencia de quien ha recorrido escenarios de todo el mundo con la reflexión de quien observa con mirada crítica una industria en transformación. Entre la técnica y la emoción, entre la raíz y la evolución, su trayectoria se sostiene bajo el firme criterio de que la autenticidad no se negocia. En un panorama donde la tecnología redefine los límites del talento, su voz se alza como defensa de lo esencial, recordando que el arte, más allá del espectáculo, sigue siendo una forma de comprender quiénes somos.
Deportes
Cultura
En directo