El siguiente fragmento forma para del libro «Con derecho a soñar. Documentando la percepción de la migración» (mayo, 2026) de Juan Manuel Chávez, el cual se difunde en el contexto de las razones y efectos de la visita del papa León XIV a Canarias.
Me habían hablado de los cementerios de pateras y cayucos. Y un día me contaron detalles sobre uno en concreto, en el sur de la isla, que fue destruido por el fuego. Después del tono festivo de Año Nuevo y Bajada de Reyes en la prensa, figuraba una breve noticia en torno al incendio. En la versión digital de un medio local se añadía una grabación, quizá realizada desde la autopista que conecta el aeropuerto con la playa de Maspalomas; son contados segundos en los cuales se registra el humo como si fuera una robusta columna que eleva su oscuridad en el paisaje. El periódico indicaba, de acuerdo con la información del gobierno autonómico, que el ataque fue intencional “de unos vándalos a un terreno en la trasera del mercado municipal de San Fernando” (Canarias7, 14 de enero de 2024).
En aquel entonces, llevaba año y medio de vida en Gran Canaria. Y seguía familiarizándome con el vocabulario coloquial de sus gentes, sobre todo en lo que concierne al mar. En una isla, abundan las palabras para la pesca y para la migración oceánica. Según fui entendiendo, el cayuco equivale a cuatro o cinco pateras y ambos cumplen una misma finalidad: sirven de frágil e inestable embarcación para las rutas acuáticas de África a Europa, ya sea al territorio continental por el Mediterráneo o al insular por el Atlántico.
A los pocos meses de instalarnos en Gran Canaria, la notica más impactante sobre la migración incluía la foto de un inmenso petrolero de color rojo, tan viejo como gastado, que surcaba el océano con tres personas a bordo, pero no dentro sino fuera del barco. Se habían subido al timón del petrolero en el puerto de Lagos, en el remoto golfo de Guinea, e hicieron la travesía a la isla sentados en ese apéndice de metal herrumbroso; fueron más de tres mil kilómetros, que equivale a cruzar el continente europeo de un extremo a otro, desde Nordkinn en Noruega hasta Cádiz en España. Un trío de hombres que hicieron suyo un rincón imposible a la intemperie, durante once días, con sus pies colgando hacia la superficie del agua y los cuerpos encorvados por las formas del casco. Al llegar, después de soportar las corrientes del Atlántico y el frío del otoño sin ninguna protección especial, su mayor problema fue la deshidratación. Además de rescatados, fueron hospitalizados. Faltaba poco menos de un mes para la Navidad de 2022. No encontré los nombres de esas tres personas del África subsahariana en la prensa; no figuran en la cobertura mediática de Radio Televisión Española o la de El Mundo o la de en Onda Cero, si bien los identificaban bajo la etiqueta náutica de polizontes.
Al año siguiente, el 12 de octubre de 2023, El País abordó la cuestión migratoria con el siguiente titular: “La llegada de cayucos a Canarias lleva al límite los recursos de acogida de la Península”. El día de la Fiesta Nacional de España, el diario se preguntaba sobre los próximos desembarcos de gente llegada de África. La noticia se complementaba con una fotografía de gran formato: tres hombres, entre la juventud y la adultez, con el fondo de un muro gris. El del centro, ubicado un paso atrás, observa inequívocamente a la cámara, aunque tiene la cabeza un poco de lado y agachada; lleva el ceño fruncido, con la frente surcada por grietas y venas que sobresalen. Delante de él, uno de ellos es captado de perfil y como prestando atención a cualquier cosa que ocurre fuera de la toma, encorvado e inexpresivo; el otro, de piel más oscura, está semicubierto por una capucha. Este último se resguarda con los brazos cruzados y los hombros inclinados hacia delante; a pesar de las sombras en la imagen, se entrevé su mirada oblicua, relativamente calcada del primero. Bocas cerradas o selladas, sin palabras. La composición, por su distancia focal y los gestos que capta, expresa una taciturna violencia y puede ser interpretada en códigos de amenaza. La noticia no es una denuncia contra la inmigración, pero tampoco la favorece. Quizá ante la callada inquisición de la cámara, aquellas personas experimentan desprecio e indignación, además de la aflicción e irá que produce la incertidumbre. Por supuesto, ninguno tiene nombre, aunque está el crédito del fotógrafo que capta el momento para el diario de circulación internacional.
Fui recopilando noticias sobre la inmigración durante 2023, un par al mes sin mayor metodología que la curiosidad que despertaban en mí los titulares o las fotografías en la prensa. Me hacía una idea de cómo se representaba este desplazamiento humano en Canarias; incluso, en contraste con el tratamiento del turismo en los medios. Después de la recogida de datos en medios virtuales e impresos, no es exagerado hablar de antagonismos. Me mantenía en una práctica de archivo, bajo la segura y aséptica distancia del lector ante las noticias, en las que todo le sucede a los demás. Mi interés por este fenómeno, que me toca personal y ancestralmente, era inmóvil. Ni siquiera me desplazaba o viajaba de un sitio a otro para indagar algo extra, hasta que ocurrió lo del fuego intencionado en el cementerio de pateras y cayucos.
Vicerrector de Extensión y Vida Universitaria de la Universidad del Atlántico Medio (Gran Canaria), donde además dirige el Grado en Comunicación. Es doctor en Lenguas, Literaturas, Culturas y sus aplicaciones por la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València, con mención internacional.
Durante años, condujo espacios radiales sobre libros, arte y cultura en su país natal; asimismo, ha reflexionado en torno a la dimensión social de la radio en artículos como “Cultura en la radio” para la revista ILA. Das Lateinamerika-Magazin de Alemania y el escrito con que ganó el Premio de Ensayo de Radio Universidad Nacional Autonómica de México.
Escritor e investigador con más de una docena de títulos en crónica, ensayo, cuento y novela, una de los cuales le valió la mención especial del Premio Nacional de Literatura en Perú; además, colabora en medios escritos como la revista Cocktail y el diario Canarias7. Ha formado parte de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universitat de Barcelona y colaboró en proyectos de divulgación sobre estilos de vida, vivienda, turismo y migración para OBS Business School. Entre sus libros de transferencia de conocimiento más recientes destacan Juan Bautista Túpac Amaru. El dilatado cautiverio (2021) y Un idioma para la integración social (2022).
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