• Cultura Cuando el jazz se dibuja en directo

    11/02/2026 | 08:57   |   Redacción  

    Cuando el jazz se dibuja en directo

    La pintura en vivo convierte el concierto en una experiencia compartida.


    Por Redacción | RADIO LAS PALMAS

    La música de jazz siempre ha convivido con la improvisación, el riesgo y la presencia. En los últimos años, a ese diálogo se ha sumado una disciplina que traslada esos mismos códigos al plano visual: la pintura en vivo. La arquitecta y artista plástica Inés Pacheco ha encontrado en ese territorio un espacio natural para crear desde el gesto y la escucha. Dibujar mientras suena el jazz no es ilustrar un concierto, sino participar de él. El trazo avanza al ritmo de la música, se equivoca, rectifica y encuentra su forma en tiempo real, igual que un solo improvisado.

    En la entrevista publicada recientemente en el diario digital de Radio Las Palmas, Pacheco ya apuntaba esa necesidad de presencia y riesgo que encuentra en el jazz como motor creativo. Este reportaje profundiza en esa dimensión escénica donde el dibujo deja de ser un gesto íntimo para convertirse en parte del propio concierto, ampliando esa conversación hacia el terreno del fenómeno cultural.



    El dibujo como instrumento

    La pintura en vivo no responde a una planificación previa. El artista se sienta, escucha y reacciona. No hay boceto ni correcciones prolongadas. El papel o el lienzo se convierten en un espacio donde el ritmo marca la velocidad del trazo y el silencio determina las pausas. En conciertos de jazz, donde cada interpretación es única, la pintura adopta ese mismo carácter efímero.

    Esta práctica conecta directamente con la pintura rápida, pero añade una capa más compleja: la interacción con el sonido. El dibujante no solo observa un paisaje o una escena urbana, sino que traduce vibraciones, timbres y atmósferas. El resultado no busca el parecido, sino capturar la energía del momento.

    En muchos casos, el proceso ocurre casi en la intimidad. El artista dibuja desde su asiento, a oscuras, sin saber con certeza qué ha quedado sobre el papel hasta que se encienden las luces. Esa incertidumbre forma parte del lenguaje y refuerza la autenticidad del resultado.

    Del gesto íntimo al escenario

    Lo que comienza como un ejercicio personal acaba, en ocasiones, integrándose en el propio espectáculo. Festivales y ciclos de jazz han empezado a incorporar la pintura en vivo como parte de su programación, no como adorno, sino como una disciplina escénica más. El público asiste así a un doble acto creativo: el musical y el visual.

    En este contexto, la pintura en vivo funciona como una forma de mediación cultural. Acerca el jazz a nuevos públicos y ofrece otra vía de lectura del concierto. El dibujo no compite con la música, la acompaña y la amplifica desde otro lenguaje.

    Más allá del resultado final, lo que queda es la experiencia compartida. El espectador entiende que el dibujo nace en ese instante y que no se repetirá. Como el jazz, la pintura en vivo existe en el ahora.

    El trazo nace al ritmo del jazz, captando en segundos la energía, el movimiento y la improvisación que flotan en el escenario. Fuente: @inespachecoplaza


    La unión entre pintura en vivo y jazz confirma que el arte crece cuando las disciplinas se escuchan entre sí. Dibujar un concierto es aceptar el riesgo, el error y la emoción como parte del proceso creativo. Una práctica que transforma el directo en un espacio de encuentro y que sitúa al gesto, igual que al sonido, en el centro de la experiencia cultural.


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