• Sociedad Francisco Suárez: «La prensa está para preguntar y también incomodar»

      

    10/05/2026 | 11:49   |   Redacción  

    Francisco Suárez: «La prensa está para preguntar y también incomodar»

    El director de Canarias7 alerta sobre la presión política, la pérdida de confianza y los riesgos de tutela sobre los medios.


    Por Redacción | RLP / La Ruta de la Seda

    Pocas voces conocen tan de cerca la transformación de la prensa canaria como Francisco Suárez. Tras un cuarto de siglo al frente de Canarias7, el periodista ha vivido la irrupción de Internet, la crisis del papel, la expansión de las redes sociales, una pandemia, un volcán y el desembarco de la inteligencia artificial en las redacciones. En paralelo, el debate sobre la libertad de prensa y la creciente tensión entre política y medios ha situado a la información en el centro de una batalla pública donde la credibilidad se ha convertido en uno de los bienes más frágiles.

    Con todos estos asuntos sobre la mesa, Suárez protagonizó la entrevista central del programa La Ruta de la Seda, dirigido y presentado por José Luis Trenzado, donde analizó la evolución del periodismo, el impacto de la regulación sobre los medios, la polarización política, el fenómeno de los agitadores digitales y los desafíos éticos que plantea la inteligencia artificial.


    Un oficio incómodo

    Después de 25 años al frente de Canarias7, ¿qué decisiones considera determinantes para mantener la relevancia del periódico?

    Hubo una apuesta decisiva que fue entrar en Internet cuando casi nadie sabía hacia dónde iba aquello. Canarias7 nació con una mentalidad innovadora desde 1982. Era un periódico joven, dispuesto a experimentar, que empezó a salir los siete días de la semana y que introdujo el color en la prensa regional. Esa forma de entender el oficio ayudó después a entrar en el entorno digital sin miedo. Hoy seguimos llegando a lugares donde la edición impresa tiene dificultades logísticas y eso tiene mucho que ver con aquella visión inicial. El papel, además, continúa teniendo un público muy concreto que busca análisis y una lectura más pausada de la actualidad.

    La nueva Ley de Medios y la regulación impulsada desde el Gobierno ocuparon parte importante de la entrevista. ¿Le inquieta el alcance de esas reformas?

    La regulación es necesaria, especialmente en un entorno globalizado donde la información circula sin fronteras, pero no me gusta que un gobierno tenga demasiada capacidad de tutela sobre los medios. Ahí se abre la puerta a que pueda terminar colándose la censura. España ya vivió demasiados años bajo un sistema donde se controlaba la información y no deberíamos olvidar esa experiencia. La libertad de prensa necesita garantías, no supervisiones excesivas. Cuando un Estado empieza a decidir demasiado sobre registros, autorizaciones o sanciones, existe el riesgo de que la independencia editorial termine condicionada.

    «La libertad de prensa necesita garantías, no supervisiones excesivas»

    ¿El deterioro de la libertad de prensa en España es ya una realidad visible?

    Sí, y cada vez más. No me gusta escuchar a políticos señalando medios o periodistas porque hagan preguntas incómodas. La prensa está precisamente para preguntar y fiscalizar, sobre todo cuando se maneja dinero público. Últimamente observo que algunos responsables políticos se molestan cuando un periodista insiste en cuestiones que no estaban previstas en el guion del acto. Incluso llegan llamadas posteriores a responsables de medios para mostrar malestar. Eso resulta preocupante porque el periodista representa al ciudadano que no está allí presente. Si alguien no quiere responder, está en su derecho, pero nuestra obligación es preguntar y explicar también cuando no se responde.


    Libertad y descrédito

    ¿El clima hostil hacia periodistas y medios ha influido en la caída de España en los rankings de libertad de prensa?

    Comparto bastante ese análisis. La pérdida de las formas y la agresividad verbal se han normalizado demasiado. Algunos dirigentes han descubierto que enfrentarse a la prensa puede resultar rentable ante determinados sectores de su electorado. El problema es que eso termina deteriorando la confianza pública y genera un ambiente muy tóxico. Además, la velocidad de las redes sociales provoca que todo ocurra de forma vertiginosa. Los escándalos duran horas, la mentira tiene poco coste y la confrontación permanente acaba ocupándolo todo. Ese desgaste termina afectando a la democracia y también a la credibilidad de las instituciones.

    Durante la conversación apareció el caso de Ketty Garat y las campañas de descrédito contra periodistas. ¿Dónde cree que están los límites?

    Existe una diferencia evidente entre criticar una información y atacar personalmente a quien la publica. Muchas acusaciones vertidas en Internet permanecen durante años con un impacto enorme y parece que no ocurre nada. Si determinadas descalificaciones aparecieran en un periódico impreso probablemente tendrían consecuencias judiciales mucho más rápidas. Hay que proteger el derecho a informar, pero también evitar que el insulto y la descalificación gratuita se conviertan en algo normal. La crítica es legítima; el ataque personal constante no debería serlo.

    «No me gusta escuchar a políticos señalando medios o periodistas»

    ¿Qué lectura hace del debate permanente alrededor de RTVE y la neutralidad de los medios públicos?

    Los medios públicos cumplen una función esencial en democracia y precisamente por eso necesitan credibilidad. Cuando son los propios profesionales quienes cuestionan la línea editorial o denuncian sesgos, evidentemente existe un problema de gobernanza. Otra cosa distinta son los medios privados, donde cada empresa puede tener una línea editorial concreta siempre que sea transparente con su audiencia. En España muchas veces se intenta disfrazar de información lo que en realidad es opinión editorial camuflada. Lo preocupante es que una parte de la ciudadanía termine desconfiando de los medios públicos porque los perciba como herramientas partidistas.


    Ruido y polarización

    En la entrevista también apareció el fenómeno de Vito Quiles y el llamado «pseudoperiodismo». ¿Cómo interpreta ese escenario?

    Prefiero no opinar sobre personas que no conozco personalmente, pero sí creo que la crítica debería hacerse siempre desde el respeto. Si alguien dispone de acreditación parlamentaria será el Congreso quien tenga que decidir si cumple o no los requisitos. Lo que no comparto es convertir el debate público en un intercambio permanente de insultos y descalificaciones. Eso vale para todos los sectores ideológicos. Estamos viviendo un clima donde cualquier discrepancia parece justificar el ataque personal y eso empobrece muchísimo la conversación pública.

    ¿La confrontación se ha convertido en espectáculo informativo?

    En parte sí. Muchas veces se prioriza el impacto inmediato sobre el contexto o la profundidad. Hay formatos que funcionan porque generan tensión constante, pero otra cosa distinta es si ayudan realmente a comprender lo que sucede. El riesgo es acabar reduciendo todo a una sucesión de enfrentamientos donde lo importante deja de ser entender la realidad y pasa a ser alimentar un entretenimiento político continuo. Ahí el periodismo pierde parte de su función esencial de explicación y servicio público.

    ¿Las nuevas generaciones están preparadas para distinguir información y manipulación?

    Ese es uno de los grandes desafíos. Está muy bien facilitar acceso a la tecnología, pero también hay que enseñar a usarla críticamente. Hoy cualquier persona recibe miles de impactos informativos al día y no siempre dispone de herramientas para distinguir una noticia contrastada de una manipulación o de una mentira fabricada. La educación mediática va a resultar fundamental. Después cada ciudadano elegirá qué consumir, pero al menos debería tener capacidad para detectar cuándo intentan engañarle.

    «La prensa está para preguntar y también para incomodar»

    La era de la IA

    La inteligencia artificial fue otro de los grandes asuntos abordados. ¿Cómo está cambiando ya las redacciones?

    La inteligencia artificial no es algo que vaya a venir, sino algo que ya está aquí. Nosotros trabajamos con herramientas que ayudan, por ejemplo, a sugerir titulares según plataformas o algoritmos. Puede ahorrar tiempo y automatizar determinadas tareas, permitiendo que el periodista se concentre más en analizar, contrastar y contextualizar. Estamos viviendo algo parecido a lo que ocurrió con la máquina de escribir o con la llegada de Internet. Al principio genera incertidumbre, pero termina integrándose en el trabajo cotidiano. La clave pasa por entender que la herramienta ayuda, aunque la responsabilidad editorial sigue siendo humana.

    ¿Existe riesgo de que el periodismo pierda identidad frente a los algoritmos?

    Claro que existe ese riesgo. Si un medio solo se guiara por lo más leído, probablemente acabaría hablando siempre de entretenimiento o de asuntos superficiales. Pero un periódico también tiene una responsabilidad social y debe abordar temas importantes aunque generen menos tráfico. Hay cuestiones incómodas o complejas que quizá no tengan millones de visitas, pero forman parte de la obligación informativa de cualquier medio serio. La tecnología puede ayudarte a entender audiencias o adaptar formatos, pero no debería decidir qué asuntos son relevantes para la sociedad.

    Después de tantos años de profesión, ¿qué legado cree que deja Canarias7 y qué está dispuesto a cambiar para mantenerlo vigente?

    Estoy dispuesto a cambiar prácticamente todo si eso ayuda a seguir siendo útiles para la sociedad. Las nuevas generaciones conocen mucho mejor ciertas herramientas y nuevas formas de comunicar, así que hay que escucharles y dejarles experimentar. El legado más importante del periódico es haberse convertido en una referencia informativa para Canarias durante décadas. Eso es fruto del trabajo colectivo de muchísima gente y también de asumir errores cuando se producen. Siempre he defendido que cuando un medio se equivoca tiene que dar la cara, reconocerlo y aprender.


    Cada día sorprende

    La conversación dejó una idea constante sobre la mesa: el periodismo atraviesa una etapa de transformación profunda, marcada por la polarización, la presión política, la velocidad digital y la irrupción de nuevas tecnologías capaces de alterar por completo la forma de producir y consumir información. Ante esa realidad, Francisco Suárez reivindicó la necesidad de preservar la independencia editorial, mantener el valor de la pregunta incómoda y recuperar una relación honesta con la audiencia en medio del ruido permanente de las redes sociales.

    Para el director de Canarias7, la adaptación ya no es una opción, sino una obligación para cualquier medio que quiera seguir siendo relevante. Desde la irrupción de Internet hasta la llegada de la inteligencia artificial, pasando por acontecimientos imprevisibles como una pandemia o la erupción de un volcán, Suárez defendió la capacidad del oficio para reinventarse sin perder su función esencial. Porque, como resumió durante la entrevista, lo verdaderamente fascinante del periodismo sigue siendo que «cada día es una caja de sorpresas».

Publicidad

La encuesta del día

La visita del Papa León XIV a Canarias los días 11 y 12 de junio generará un gran impacto social y mediático en las islas. ¿Qué opinión le merece este acontecimiento?

  • Muy positiva, es una oportunidad histórica para Canarias
  • Positiva, aunque con algunos aspectos mejorables
  • Poco o nada relevante para la sociedad canaria

15 Votos contabilizados

Publicidad

En directo