La fisioterapia funcional devuelve autonomía y confianza a las personas mayores y refuerza su independencia en la vida cotidiana.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
La pérdida de fuerza no siempre es una sentencia inevitable ligada a la edad. A veces comienza con un gesto pequeño: levantarse del sofá y necesitar impulso, caminar rozando los muebles o pedir ayuda para algo que antes era rutina. De esa realidad habló el fisioterapeuta Raúl Socorro en el programa Escándalo, dirigido y presentado por Marga de la Cueva en Radio Las Palmas, donde defendió una idea que resume su trabajo: «Mientras nos movemos, seguimos vivos».

Socorro centra su labor en la fisioterapia funcional para adultos mayores, una disciplina que no busca rendimiento deportivo, sino autonomía. «No hablamos de correr maratones, hablamos de levantarse de la cama, vestirse solo, subir un escalón o caminar sin miedo», explicó durante la entrevista. El objetivo es claro: que el cuerpo responda en el día a día.
En muchos casos, el detonante es una hospitalización o un periodo prolongado en cama. Hijos que llaman preocupados porque su madre “no es la misma” tras dos semanas ingresada. «La fuerza es libertad», repite el fisioterapeuta, convencido de que la pérdida de masa muscular con la edad no debe aceptarse sin más. Recuperarla significa poder ir al baño sin ayuda, ducharse con seguridad o salir a la calle sin temor.
«Cuando una persona se da cuenta de que puede, vuelve a creer en sí misma».
Autonomía y prevención
La intervención no se limita a ejercicios físicos. Es también prevención y autoestima. Una caída a cierta edad puede marcar un antes y un después. Por eso el equilibrio ocupa un lugar central en el tratamiento. «Evitar posibles caídas es súper importante», señaló.
El trabajo se realiza en el propio domicilio. El salón se convierte en un pequeño gimnasio improvisado. Sentadillas desde el sillón, bandas elásticas, una pelota de goma que el propio Socorro regala para fomentar la constancia. Observa la pisada en el pasillo, corrige malos hábitos al caminar y fortalece el tronco superior, clave para quienes utilizan bastón o andador.
La respiración también forma parte del entrenamiento. «Si respiramos bien, nos cansamos menos y nos sentimos mejor», afirmó. Una hora de ejercicio, dos o tres veces por semana, con una máxima clara: menos es más. La regularidad pesa más que la intensidad.
El papel de la familia
La evolución no tarda en notarse cuando hay compromiso. Son los familiares quienes muchas veces dan la medida del cambio. «Es increíble, ahora se ducha sola, se levanta del váter sola», cuentan al fisioterapeuta tras semanas de trabajo.
Más allá del músculo, el impacto es emocional. Recuperar la capacidad de hacer tareas cotidianas refuerza la autoestima y combate la sensación de dependencia. El mensaje final del especialista fue directo, casi una llamada a la acción: «Sáquenlos a pasear, aunque no quieran. Quedarse en casa mucho tiempo es contraproducente».
El ejercicio recomendado para empezar es sencillo. Sentarse en una silla frente a una ventana, agarrarse al marco inferior y levantarse suavemente utilizando muslos, cadera y brazos, evitando que las rodillas se proyecten en exceso hacia delante. Cinco repeticiones pueden ser el primer paso.
Porque envejecer no significa resignarse. Significa adaptarse, moverse y mantener la dignidad en cada gesto cotidiano. Y como recordó Raúl Socorro en los micrófonos de Radio Las Palmas, «mientras nos movemos, seguimos vivos».
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