El experto pone el foco en los nuevos riesgos para la seguridad digital y social.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
La evolución acelerada de la inteligencia artificial ha situado la ciberseguridad y la desinformación en el centro del debate social. Durante su intervención en el programa Cosmópolis, llevado a cabo por Héber Martín y Cristina Corsali en Radio Las Palmas, Guillermo Cánovas, director del Observatorio para el Uso Saludable de la Tecnología Educalike, advirtió de que las nuevas herramientas digitales han elevado el riesgo de manipulación, fraude y engaño a un nivel sin precedentes, especialmente entre menores y adolescentes.
Desinformación avanzada
¿Por qué afirma que la desinformación ha entrado en una nueva fase?
Porque ya no hablamos solo de bulos escritos o imágenes manipuladas de forma burda. La inteligencia artificial permite generar contenidos falsos con un nivel de realismo muy alto. Hoy se pueden crear vídeos, audios o fotografías en los que una persona parece decir o hacer algo que nunca ocurrió. Esto cambia por completo el escenario, porque la capacidad de engaño es mucho mayor y la detección resulta más difícil incluso para adultos con experiencia digital.
¿Qué impacto tiene esto en el día a día de las personas?
Las consecuencias ya se están viendo. Existen estafas basadas en audios clonados con la voz de un familiar, situaciones que generan alarma y respuestas impulsivas. También se difunden vídeos falsos que dañan la reputación de personas reales. La desinformación deja de ser una anécdota para convertirse en un riesgo directo para la seguridad económica, emocional y social. Cuando no se sabe distinguir lo real de lo falso, se resiente la confianza en todo el ecosistema digital.

La clonación de voz y la imagen mediante inteligencia artificial ya se utiliza en estafas digitales, un riesgo creciente que obliga a extremar la verificación antes de reaccionar ante mensajes o llamadas alarmantes | Fuente: FREEP!K
Ciberseguridad social
¿Por qué los adolescentes son especialmente vulnerables a estos riesgos?
Porque se encuentran en una etapa de desarrollo en la que la capacidad crítica todavía se está formando. Tienden a otorgar una credibilidad elevada a lo que ven o escuchan, sobre todo si el contenido parece verosímil o procede de una fuente que perciben como fiable. La inteligencia artificial amplifica este problema al presentar la información con un tono seguro y convincente, aunque sea falsa o sesgada.
¿Estamos preparados como sociedad para este escenario?
No del todo. La tecnología ha avanzado más rápido que la educación digital. Muchas familias y centros educativos aún no son conscientes del alcance real de estas herramientas. Falta formación en verificación de contenidos, en detección de fraudes y en hábitos básicos de ciberseguridad. Mientras no se cierre esa brecha, los riesgos seguirán creciendo, porque las herramientas son cada vez más accesibles y fáciles de usar.
Inteligencia artificial
¿Qué papel juega la inteligencia artificial en la expansión de estos riesgos?
La IA actúa como multiplicador. Facilita la creación masiva de contenidos falsos, reduce el coste y el esfuerzo necesarios para engañar y permite personalizar los mensajes. Esto es especialmente peligroso en manos de ciberdelincuentes, que pueden afinar estafas y ataques con mucha más precisión. Además, la IA no es neutral. Responde a datos con sesgos y puede ofrecer información incompleta o directamente incorrecta.
¿Por qué habla de falsa autoridad de la IA?
Porque muchas personas, y especialmente los jóvenes, tienden a pensar que si una herramienta responde con seguridad es porque tiene razón. Sin embargo, la IA puede equivocarse, inventar datos o variar sus respuestas. A eso se suma la simulación de emociones humanas, que genera una confianza engañosa. Cuando una máquina aparenta preocupación o cercanía, se reduce la distancia crítica y aumenta el riesgo de dependencia o manipulación.
Riesgos emergentes
¿Qué nuevas amenazas identifica en este contexto digital?
La clonación de voz y rostro es una de las más preocupantes. También el uso de la IA para mejorar técnicas de phishing, suplantación de identidad y robo de datos. Estas prácticas ya están siendo utilizadas por redes criminales, lo que eleva el nivel de sofisticación de los delitos. No hablamos de escenarios futuros, sino de situaciones que ya están ocurriendo y que seguirán creciendo si no se toman medidas preventivas.
¿Cómo afecta todo esto a la convivencia y a la confianza social?
Cuando cualquier contenido puede ser falso, se debilita la confianza en la información y en las relaciones digitales. Las personas empiezan a dudar de todo y eso genera inseguridad. Además, los daños reputacionales pueden ser muy difíciles de reparar. Un contenido falso que se hace viral puede tener consecuencias duraderas en la vida personal, académica o profesional de alguien, aunque después se demuestre que no era real.

La creación de imágenes y vídeos falsos con apariencia real marca un nuevo escenario de desinformación, donde distinguir entre verdad y manipulación resulta cada vez más complejo | Fuente: FREEP!K
Respuesta colectiva
¿Qué papel deben asumir las familias y la escuela ante estos riesgos?
La educación vuelve a ser la clave. Es fundamental enseñar a verificar la información, a desconfiar de contenidos alarmistas y a no reaccionar de forma impulsiva. En el ámbito educativo, es necesario incorporar la ciberseguridad y la alfabetización digital como competencias básicas. Las familias, por su parte, deben acompañar y supervisar el uso de la tecnología, fomentando el diálogo y el pensamiento crítico.
¿Es suficiente con la educación o hacen falta más medidas?
La educación es imprescindible, pero debe ir acompañada de regulación y responsabilidad por parte de las plataformas. No se puede cargar todo el peso sobre usuarios y familias. Las empresas tecnológicas y las administraciones deben implicarse en la protección frente a estos riesgos. La ciberseguridad y la lucha contra la desinformación ya no son asuntos técnicos, sino retos sociales de primer orden.
La advertencia de Guillermo Cánovas sitúa la inteligencia artificial y la desinformación en el centro de un nuevo escenario de riesgo digital. La capacidad de clonar voces, rostros y discursos marca un antes y un después en la forma de entender la seguridad en Internet. Frente a este panorama, la combinación de educación, regulación y conciencia social aparece como la única vía para proteger a los más vulnerables y preservar la confianza en el entorno digital.
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