Una forma de atención sanitaria que permite tratar, acompañar y volver a casa el mismo día sin perder calidad asistencial ni cercanía humana.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
El Hospital de Día es uno de esos lugares que muchos pacientes pisan sin saber muy bien qué es y que buena parte de la ciudadanía desconoce hasta que lo necesita. No suele ocupar titulares ni protagonizar debates públicos, pero sostiene buena parte del equilibrio del sistema sanitario. Allí se tratan enfermedades complejas sin necesidad de ingreso y se cuida sin romper del todo la vida cotidiana de quien acude.
De esta realidad se habló con detalle en el programa Dcultura y Salud, dirigido y presentado por Juan Carlos Jiménez en Radio Las Palmas, con la participación del doctor Alberto Purriño, coordinador del Hospital de Día General; del doctor Sergio Martínez, médico intensivista y colaborador habitual de la unidad; y de Carmen Mesa, enfermera y una de las profesionales que impulsaron la puesta en marcha del servicio en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria.
«El paciente no ingresa, pero tampoco está solo», resume una de las ideas que atraviesan el trabajo diario del Hospital de Día.

De izquierda a derecha, el doctor Alberto Purriño González, la enfermera Carmen Mesa Montenegro, el doctor Sergio Martínez Cuéllar y Juan Carlos Jiménez, tras finalizar el programa Dcultura y Salud en el photocall de Radio Las Palmas.
Una respuesta a la presión asistencial
El Hospital de Día nace como respuesta a una necesidad clara. Cuando las camas escasean y los servicios de urgencias se saturan, el sistema sanitario busca alternativas que permitan atender sin colapsar. Fue en un contexto de fuerte presión asistencial cuando comenzó a tomar forma esta unidad, concebida como una solución práctica y flexible que, con el tiempo, se ha vuelto imprescindible.
En el Hospital de Día se administran tratamientos intravenosos, transfusiones, técnicas diagnósticas y procedimientos que antes obligaban a un ingreso hospitalario. Hoy, muchos pacientes acuden por unas horas, reciben su tratamiento, permanecen en observación el tiempo necesario y regresan a casa el mismo día.
El beneficio es doble. Para el sistema, se liberan camas y se reduce la presión sobre otros servicios. Para el paciente, se gana comodidad, se disminuyen riesgos asociados al ingreso y se mantiene un mayor control sobre la propia rutina diaria.
«Hay personas que vienen unas horas y continúan con su vida», explican los profesionales que trabajan en esta unidad.
Mucho más que un espacio asistencial
El Hospital de Día no pertenece a una sola especialidad. Es un espacio compartido por Neurología, Digestivo, Reumatología, Paliativos o la Unidad del Dolor, entre otras. Esta condición lo convierte en un punto de encuentro donde la coordinación es esencial y el trabajo en equipo no es un lema, sino una práctica diaria.
La unidad funciona con horarios amplios, de mañana y tarde, adaptándose a una demanda creciente que no deja de aumentar. Cada paciente entra en un circuito bien definido, con programación, seguimiento y contacto constante con su médico de referencia.
La atención no se limita al tratamiento. También se trabaja la educación sanitaria, se informa a familiares y se detectan señales de alerta para evitar descompensaciones que acabarían en urgencias. Prevenir forma parte del cuidado.
«Cuidar también es explicar y acompañar», señalan desde el equipo.
El valor de la humanización
Uno de los pilares del Hospital de Día es la humanización. El trato cercano, la confianza y el tiempo dedicado a escuchar marcan la diferencia. Al tratarse de pacientes que regresan de forma periódica, se crea un vínculo que favorece la tranquilidad y la adherencia a los tratamientos.
Iniciativas como la musicoterapia, presentes en otras áreas hospitalarias, reflejan una forma de entender la sanidad donde la persona ocupa el centro. Aunque los recursos no siempre alcanzan, la filosofía está clara. Humanizar no es decorar el hospital, es cambiar la manera de relacionarse con quien necesita cuidados.
Un espacio que se queda pequeño
El principal límite del Hospital de Día no es profesional ni técnico, sino físico. El Hospital Insular arrastra desde hace décadas un déficit de espacio que obliga a reorganizar agendas y buscar soluciones imaginativas, sobre todo en periodos de alta demanda asistencial.
Cuando los picos de atención obligan a destinar recursos a otras áreas, la actividad del Hospital de Día se ve condicionada y los equipos deben reprogramar citas sin perjudicar al paciente. Aun así, la demanda supera la capacidad actual y la necesidad de crecimiento es evidente.
«Si hubiera más espacio, se llenaría», coinciden los profesionales.
Las respuestas que tranquilizan
¿Cómo llega un paciente al Hospital de Día?
Por derivación de su médico especialista o tras una hospitalización cuando necesita tratamientos o técnicas periódicas.
¿Es seguro no ingresar?
Sí. El paciente permanece controlado durante todo el proceso y cualquier incidencia se aborda de inmediato.
¿Qué se gana frente al ingreso tradicional?
Menos riesgo de infecciones, mayor comodidad y una gestión más eficiente de los recursos sanitarios.
El Hospital de Día representa una manera distinta de entender la atención sanitaria. No es un recurso provisional, sino una estructura consolidada que combina eficacia, cercanía y sentido común. Darlo a conocer también es generar confianza y ayudar a que los pacientes lleguen al hospital con menos miedo y más información.
Porque a veces cuidar no significa quedarse, sino poder volver a casa sabiendo que alguien sigue ahí.
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