• Reportajes Manolita, la reportera que convirtió la calle en su plató

      

    20/02/2026 | 18:13   |   Redacción  

    Manolita, la reportera que convirtió la calle en su plató

    Desde 2002 recorre los carnavales de Canarias con su cámara artesanal y su ingenio, transformando cada rincón en escenario y cada vecino en protagonista.


    Por Redacción | RADIO LAS PALMAS

    En el Carnaval hay reinados, murgas y comparsas. Pero también hay figuras que no compiten ni desfilan sobre un escenario oficial y, sin embargo, sostienen la esencia de la fiesta. Orlando creó a Manolita casi como un juego temático y terminó dando forma a una de las mascaritas más reconocidas del Carnaval canario. Su intervención en el programa Punto de Partida, que dirige Rita Sánchez en Radio Las Palmas, confirmó que detrás del disfraz hay una forma de entender la calle y la comunidad.

    Manolita no se define como personaje. Prefiere otra palabra. «No deja de ser sino una mascarita que la gente conoce y trata de una forma muy familiar». En esa elección terminológica hay una declaración de principios. No busca protagonismo, busca interacción.

    «Una de las grandes cosas del carnaval es interactuar, sacar una sonrisa o una carcajada».

    Su cámara no apunta para fiscalizar. Apunta para compartir.


    El origen de una cámara que ya no se soltó

    La historia comenzó en 2002 en Fuerteventura. Cada año se disfrazaba según la alegoría del pueblo. Si tocaba pirata, pirata; si Grecia, griega. Hasta que un año la temática fue televisión. Improvisó una pequeña cámara y un micrófono. La respuesta fue inmediata.

    «Funcionó tan bien esa noche en Puerto del Rosario que lo mantuve». Alternó con otros disfraces durante un tiempo, pero la peluca rubia y la cámara se impusieron. «A partir de 2004 ya no solté la cámara». La mejoró, incorporó trípode, photocall y todo un kit que convirtió cualquier esquina en estudio improvisado.

    Desde entonces, la calle es su plató.

    No hay gala que compita con la espontaneidad del asfalto. No hay foco que sustituya la mirada cómplice de quien se deja entrevistar entre risas.

    «Tengo una videoteca con media ciudad y media isla grabada».

    Ese archivo informal es memoria colectiva. La anécdota que más le impactó lo demuestra. Dos jóvenes se acercaron para enseñarle una foto tomada diecisiete años atrás. En la imagen, una niña pequeña posaba junto a Manolita. Aquella niña, ya adulta, conservaba la fotografía en su teléfono. El Carnaval también es eso, continuidad.


    La calle como alma del Carnaval

    Manolita reivindica el término tradicional que cada vez se escucha menos. Mascarita. Para ella, ahí reside el latido de la fiesta. «El último domingo en Las Palmas se vio un pasito más. Mucha gente bien disfrazada, desde los niños hasta los papás».

    Valora la mejora en participación y subraya algo que considera fundamental. En el último gran mogollón no vio peleas ni rencillas pese a la multitud. «Un comportamiento ejemplar», resume. El Carnaval, insiste, es predisposición a pasarlo bien.

    Cuando le preguntan qué le gustaría anunciar como gran exclusiva, sorprende. No habla de escándalos ni de secretos. Habla de convivencia. De encontrar un espacio idóneo para celebrar la fiesta sin conflictos con vecinos ni tribunales. Una reflexión que trasciende el disfraz.

    En lo artístico, reconoce que disfruta de todo, pero siente especial inclinación por las comparsas. El ritmo, la armonía y el color le resultan irresistibles. Nombra a Aragüimé y Chiramay con cariño y admite que Tenerife mantiene mayor número de agrupaciones. Pero su mirada siempre vuelve a la calle.


    El espíritu de meterse en el personaje

    Veinte años después, el reconocimiento le sigue sorprendiendo. En Santa Cruz de Tenerife llegó a formarse una cola de medio centenar de personas para fotografiarse con ella. «Forma parte del juego», comenta sin rastro de vanidad.

    El consejo final que lanza a quienes dudan en salir es sencillo. No hacen falta grandes medios ni trajes espectaculares.

    «En carnavales conseguimos ese paso de intentar salir a lucir nuestro personaje, meternos en él. Ese es el espíritu».

    Manolita no compite por una corona ni aspira a un título. Su mérito es otro. Ha convertido la calle en escenario y ha demostrado que el Carnaval no se entiende sin la gente que lo vive a ras de suelo. Allí donde hay una sonrisa cómplice y una cámara en alto, el plató vuelve a encenderse.


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