La artista y referente trans relata su historia de superación y reivindica la visibilidad desde la experiencia personal.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
Nacida en Brasil creció rodeada de plumas, lentejuelas y escenarios. Su madre, vedette y artista, fue su gran referente. «Era una infancia feliz, diversa», recuerda, al tiempo que reconoce que desde muy pequeña ya sabía quién era.
La show woman Marcela Kaufmann compartió su testimonio en el programa Punto de Partida, dirigido por Rita Sánchez en Radio Las Palmas, donde abordó sus vivencias y aprendizajes. En su relato, el arte, la migración y la lucha por la identidad aparecen como pilares de su trayectoria personal, marcados por una constante resiliencia y por la necesidad de dar visibilidad al colectivo trans.
Asimismo, durante su intervención, expuso su proceso de afirmación personal, que chocó con un entorno que no siempre supo comprenderla.
El arte como refugio
La pérdida de su madre marcó un antes y un después en su vida. Fue internada en un colegio masculino donde vivió situaciones de abuso y castigo que la obligaron a construir una coraza emocional. «Siempre tuve claro que no iba a caer en la prostitución ni en las drogas», matiza, reivindicando los valores que heredó de su madre como guía en los momentos más difíciles: El arte se convirtió en su salvavidas.
De la incertidumbre al reconocimiento
A los 16 años debutó como transformista y comenzó a abrirse camino en el mundo del espectáculo. Con apenas 24 años llegó a España sin recursos y sin dominar el idioma. Su primer destino fue Barcelona, pero fue en Canarias donde comenzó a construir su carrera.
Los inicios no fueron fáciles. «Pasé hambre, llegué a dormir en la playa», recordando aquellas noches en el Puerto de la Cruz en las que miraba al horizonte sin saber qué rumbo tomar.
El giro llegó con su entrada en televisión. En Canal 6, con el programa Noches de Verano, se convirtió en una figura conocida y en pionera como mujer trans presentadora. Su presencia en galas y eventos consolidó una trayectoria que hoy sigue vigente.
«Nunca es tarde para ser feliz»
¿Qué supuso para ti el año 2020?
Marcela lo tiene claro. «Nunca es tarde para ser feliz», afirma. Tras años posponiendo su proceso por las dificultades de la vida, retomó su transición en plena pandemia con el apoyo de profesionales y de su entorno cercano. Hoy puede decir que se siente plena y en paz con su identidad.
Ese proceso culminó con un logro que define como liberador. «Ahora tengo mis documentos con mi nombre de mujer», explica subrayando la importancia de ese reconocimiento para vivir con normalidad y dignidad.
Visibilidad y compromiso
Más allá de su trayectoria artística, Marcela ha asumido un papel activo en la defensa del colectivo trans. Utiliza su visibilidad como herramienta para abrir camino a nuevas generaciones y romper estigmas.
«Es importante que los padres vean que sus hijos pueden ser artistas, presentadores, referentes», sostiene. Para ella, la presencia de personas trans en los medios contribuye a cambiar miradas y a construir una sociedad más justa.
¿Es necesario seguir visibilizando al colectivo?
«Muchísimo. Hay que levantar la bandera para ayudar a quienes vienen detrás», afirma, convencida de que aún queda camino por recorrer frente a la discriminación y la violencia.
Una vida con propósito
En la actualidad, Marcela continúa vinculada al espectáculo y desarrolla proyectos como el restaurante show El Disparate en Tenerife, además de impartir charlas en centros educativos donde comparte su experiencia. Allí ha encontrado una respuesta esperanzadora en las nuevas generaciones, más abiertas a la diversidad.
Su discurso, alejado de la confrontación, apuesta por la empatía y el respeto. «La vida es una sola y perdemos mucho tiempo juzgando», reflexiona. Una idea que resume en una expresión que repite como filosofía de vida: «La peor cosa que puede tener el ser humano es la pobreza de espíritu».
A pesar de todo lo vivido, Marcela mira al futuro con ilusión. Mantiene intacto su deseo de seguir sobre los escenarios y no esconde una aspiración personal que la conecta con su lado más humano. Quiere encontrar el amor y convertirse, como ella misma dice, en «el sol de alguien».
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